Las 7 reglas de John Scharffenberg para vivir hasta los 100 años

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¡Hola Sukis!

7 reglas para vivir más y, sobre todo, mejor



Llegar a los 90 o a los 100 años puede impresionar. Pero, pensándolo bien, lo verdaderamente interesante no es cumplir muchos años, sino llegar a ellos pudiendo disfrutar de nuestra vida.


John Scharffenberg sabe bastante de ambas cosas. Médico, especialista en salud pública y profesor de nutrición durante décadas, superó los 100 años manteniéndose activo, viajando e impartiendo conferencias. Y cuando le preguntaron cuál era su secreto, su respuesta fue bastante menos espectacular de lo que podríamos imaginar.


Nada de suplementos milagrosos, tratamientos imposibles ni sofisticadas rutinas antienvejecimiento.


Su filosofía se resume en hábitos cotidianos mantenidos durante años.


Y quizá esa sea precisamente la parte que más nos interesa en Sukigonbee.

1. No fumar 🚭

Aquí hay pocas vueltas que darle. Si hablamos de longevidad, no fumar es una de las decisiones más importantes que podemos tomar.


El tabaco aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, respiratorias y numerosos tipos de cáncer. Scharffenberg nunca ha fumado y coloca este hábito entre sus reglas fundamentales.


Y si fumaste durante años y lo dejaste, tampoco caigas en el pensamiento de «ya es demasiado tarde». El organismo comienza a beneficiarse del abandono del tabaco desde mucho antes de lo que solemos imaginar.



2. No beber alcohol 🍷✖️

Esta probablemente sea una de las recomendaciones que más chocan con nuestra cultura mediterránea.

Durante años hemos escuchado aquello de que «una copita de vino es buena para el corazón». Scharffenberg es mucho más tajante: él recomienda no consumir alcohol.


Hoy sabemos además que beber alcohol está relacionado con diferentes riesgos para la salud y que no necesitamos incorporarlo a nuestra alimentación para obtener beneficios.


¿Una celebración depende de una copa? Evidentemente no.


Quizá simplemente nos hemos acostumbrado a relacionar determinadas costumbres sociales con cosas que nuestro cuerpo realmente no necesita.



3. Muévete. Y especialmente a partir de los 40

Si hubiera que destacar una de sus recomendaciones, probablemente sería esta.


Haz ejercicio.


Scharffenberg concede una enorme importancia a mantenerse físicamente activo, especialmente durante la mediana edad.


Pero hay algo que nos gusta particularmente de su planteamiento: ejercicio no significa necesariamente gimnasio, ropa deportiva perfecta ni entrenamientos agotadores.


Caminar, cuidar el jardín, subir escaleras, trabajar en casa, hacer fuerza o simplemente evitar pasar todo el día sentadas también suma.


Después de los 40, además, mantener músculo, fuerza, equilibrio y capacidad cardiovascular deja de ser únicamente una cuestión estética.


Es una inversión para nuestra futura independencia.


Porque quizá el verdadero lujo a los 70 no sea parecer de 50, sino poder levantarnos del suelo sin ayuda, cargar nuestras bolsas, viajar, jugar con nuestros nietos o subir unas escaleras sin miedo.



4. Mantén un peso saludable ⚖️

Aquí queremos hacer una puntualización muy Sukigonbee: peso saludable no significa cuerpo perfecto.


Ni talla 38. Ni abdominales. Ni vivir permanentemente a dieta.


Significa intentar mantener un peso compatible con una buena salud metabólica, movilidad y calidad de vida.


El exceso importante de grasa corporal se relaciona con un mayor riesgo de diabetes tipo 2, hipertensión, problemas cardiovasculares y articulares.


Pero obsesionarnos con la báscula tampoco debería convertirse en nuestro proyecto de vida.


Comer mejor, movernos más y conservar músculo probablemente sean objetivos mucho más interesantes que perseguir desesperadamente un número.



5. Reduce el azúcar añadido

No hace falta declarar la guerra a una manzana porque contiene azúcar.


Scharffenberg habla principalmente de reducir el azúcar añadido y los productos excesivamente azucarados.


Refrescos, bollería, postres industriales, determinados cereales, salsas, snacks y muchos productos ultraprocesados pueden hacer que consumamos bastante más azúcar del que creemos.


No se trata de no volver a probar una tarta de cumpleaños.


Se trata de que lo excepcional vuelva a ser excepcional.


Y esa pequeña diferencia, repetida durante años, puede ser enorme.



6. Menos grasas saturadas y mejores alimentos 🥑

Otra de sus recomendaciones es limitar las grasas saturadas.


Traducido a nuestra cocina cotidiana: menos productos ultraprocesados, frituras frecuentes y carnes procesadas, y más alimentos sencillos.


Aquí nuestra dieta mediterránea nos lo pone bastante fácil: aceite de oliva virgen extra, frutos secos, verduras, legumbres, pescado, semillas y aguacate pueden formar parte de una alimentación saludable.


No necesitamos comer «perfecto».


Necesitamos que la mayoría de nuestras decisiones sean razonablemente buenas.



7. Llena el plato de alimentos vegetales 🥗

Scharffenberg ha seguido durante gran parte de su vida una alimentación vegetariana y defiende una dieta basada principalmente en alimentos vegetales.


Eso no significa necesariamente que todas tengamos que convertirnos mañana en vegetarianas.


Hay una enseñanza mucho más sencilla que podemos aplicar: hacer que los vegetales tengan mucho más protagonismo en nuestra alimentación.


Verduras, frutas, legumbres, frutos secos, semillas y cereales integrales pueden desplazar poco a poco otros productos menos interesantes nutricionalmente.


Quizá la pregunta no sea «¿qué tengo que eliminar?», sino: ¿Qué alimento bueno puedo añadir hoy a mi plato?



Entonces… ¿estas siete reglas garantizan vivir 100 años?

No.

Y es importante decirlo.


La longevidad depende también de nuestra genética, del entorno, de las enfermedades que podamos desarrollar, de nuestra situación socioeconómica, de la atención sanitaria e incluso de circunstancias que simplemente no podemos controlar.


John Scharffenberg es un ejemplo extraordinario, no una garantía de que siguiendo su estilo de vida vayamos a alcanzar su edad.


Pero su historia deja una enseñanza mucho más útil.


No podemos decidir cuánto vamos a vivir.


Sí podemos influir en cómo queremos llegar a nuestros próximos 10, 20 o 30 años.


Y quizá ahí esté la verdadera revolución de la longevidad.


No necesitamos empezar el lunes.


Podemos empezar hoy dando un paseo, dejando un refresco, poniendo más verduras en la cena, reduciendo el alcohol o recuperando un poco de fuerza.


Porque cuidarnos a los 40, 50 o 60 años no consiste únicamente en intentar vivir más.


Consiste en darle oportunidades a esa mujer que seremos dentro de veinte años para que todavía pueda disfrutar de su vida, valerse por sí misma y seguir haciendo planes.


Y eso sí merece la pena.



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