¡Buenos días, querid@s amig@s! ✨✨✨
Un pequeño viaje por el romanticismo 🧳😍
Contemplando el reflejo de la luna sobre el mar apareció mi vena romántica y caí en la cuenta de que llevo ya 83 semanas publicando y no he escrito ni un solo relato romántico. 🤔🌅
La verdad es que nunca ha sido mi fuerte a pesar de que pienso que, en mayor o menor medida, siempre hay algo de romanticismo en cada uno de nosotros. No creo que sea patrimonio exclusivo de los jóvenes o los enamorados. 👩❤️👨👩❤️👨
No solo se puede ser romántico en lo que respecta a otra persona. Un amanecer, la apertura de una flor, una madre alimentando a sus polluelos, un anciano besando a su nieto…y un millón de momentos más generan en nosotros ternura, emociones y sentimientos que nos hacen sentir algo que no tienen nada que envidiarle al amor entre enamorados. 💌
Dar más importancia a los sentimientos, a la imaginación y a la libertad individual que a la razón produjo un movimiento artístico, literario e intelectual que surgió en Europa a finales del siglo XVIII, y se desarrolló durante el siglo XIX, llamado Romanticismo.
Sus características principales eran:
Exaltación de los sentimientos: amor, pasión, melancolía, tristeza y emociones.
Interés por la naturaleza: vista como reflejo de las emociones humanas.
Mientras que una obra clásica podría enfocarse en el orden y la razón, una obra romántica resaltaría los sentimientos de un personaje enamorado frente a una tormenta, usando la naturaleza para expresar sus emociones.
Los escritores románticos solían crear personajes apasionados, rebeldes o inconformes con la sociedad. Algunos autores destacados son: Víctor Hugo (Los Miserables), Gustavo Adolfo Bécquer (Rimas y Leyendas) y José de Espronceda (El estudiante de Salamanca).
Hasta aquí desde el punto de vista literario, pero como indico en el título veamos ahora qué ocurre desde el punto de vista químico. 🧐🧪
Durante el enamoramiento, el cerebro activa los circuitos de recompensa. 🧠🤩
Cada encuentro o mensaje de la persona amada puede generar una sensación de placer y motivación, lo que explica por qué muchas personas sienten tantas ganas de verla o hablar con ella.
Sentimientos: Aunque cada persona lo vive de manera diferente, son frecuentes sentimientos como la alegría y el entusiasmo, la ilusión por ver o hablar con la otra persona, el deseo de cercanía física y emocional, la admiración e idealización de la otra persona y a veces también inseguridad, miedo al rechazo o celos.
Reacciones fisiológicas: El enamoramiento implica la participación de varias sustancias químicas del cerebro y del cuerpo, entre ellas la dopamina, la noradrenalina, la oxitocina y la vasopresina. Estas pueden producir aceleración del ritmo cardíaco al ver a la persona amada, "Mariposas" en el estómago, rubor, sudoración en las manos, dificultad para dormir, disminución del apetito, dilatación de las pupilas, etc.
Reacciones físicas: Deseo de abrazar, acariciar o besar, sonreír con más frecuencia, mayor atención al aspecto personal, miradas prolongadas y frecuentes, etc.
Reacciones mentales: Pensar constantemente en la otra persona, recordar conversaciones y momentos compartidos, imaginar situaciones futuras juntos, mayor motivación para mejorar o alcanzar metas, etc.
Tras esta puesta en situación veamos si consigo reflejar y captar todas estas reacciones en mi relato de hoy. Os adelanto que, dado que ya estamos en verano, algunos incluso de vacaciones, y tenemos más tiempo, me he tomado la libertad de crear un relato más largo que espero que disfrutéis. 🏖️⏳🍹📚
¡Esto sí que es un reto para mí! Allá voy: 🫣
“¿Por qué no me pesaba llevar ya varias noches sin dormir? No conseguía dejar de dar vueltas en la cama, pero lejos de molestarme me recreaba rememorando las imágenes de los días anteriores. Temía dormirme y que a la mañana siguiente hubiera olvidado todo aquello que sentía en mi interior. Qué extraña y placentera inquietud. Ahora comprendía aquello que decían de tener “mariposas en el estómago”. Yo debía de tener cientos de ellas y eso que el estómago se me había encogido y llevaba casi una semana sin apenas poder comer. Tal vez porque estaba lleno de mariposas.
Una de estas veces que de pura euforia me faltaba el aire para respirar salí a la terraza a ver si conseguía calmar mi desbocado corazón. Y allí estaba… La misma luna de un color anaranjado intenso que parecía derramarse sobre el encrespado mar inundándolo de un fuego parecido al que sentía en mi interior.
En otra noche de luna lo vi por primera vez. Salí a dar un paseo, como acostumbraba, tarde en la noche. A esas horas no había ya mucha gente por el paseo marítimo y era cuando mejor se podía pasear. Me llamó la atención la luna reflejada sobre el mar y parece que no era yo la única a la que atraía con su magnetismo. Solo, sentado en la arena había un chico contemplando tan bello espectáculo. Me sorprendió mirándolo cuando súbitamente giró la cabeza y nuestras miradas se cruzaron. No pude apenas distinguir sus facciones, pero me fijé que llevaba una gorra blanca con unas letras fluorescentes que no llegué a poder leer. Me pareció curioso, pero seguí mi camino sin más.
A la vuelta de mi paseo ya no estaba allí y he de reconocer que desee que estuviera para poder fijarme con más atención en alguien con quien compartía el gusto por el mar y por la luna.
Al día siguiente cuando bajé temprano a comprar el pan para desayunar, entre los que esperaban, pude distinguir la gorra en la que ahora sí que pude leer la inscripción “Solo de ti”.
Y justo en ese momento se giró y volvió a pillarme mirándolo. Noté como se encendían mis mejillas y aunque intenté apartar rápido la mirada el chico hizo un gesto con su cabeza a modo de saludo. Creo que no lo correspondí. Estaba paralizada. Debía tener más o menos mi edad, pero lo que yo no tenía eran unos ojos verdes como aquellos. Destacaban en un rostro anguloso con una barba de dos días sobre un bronceado dorado. No me dio tiempo a más…
Por cierto, no se me escapó que solo compró un bollito de pan. Solo uno. Cuando salió de la compra dijo un ¡Hasta luego! que no sé si era para todos o solo para mí ya que fue justo al pasar a mi lado y regalándome una sonrisa. ¡Dios mío qué bonita sonrisa! Ahora sí que pude ver los labios rojos y carnosos que enmarcaba su cuidada barba.
Continué con mi rutina intentando exprimir los últimos días de mis vacaciones y coger fuerzas para afrontar el nuevo curso escolar en el instituto. Así que cogí todos mis bártulos y me bajé a la playa.
¡Vaya! Hacía bastante viento, lo que me dificultaba leer el libro que me tenía atrapada entre reencarnaciones y vidas pasadas: “El Ciclo” ¡Qué intriga y emoción!
No había pasado todavía ni una sola página cuando una ráfaga de viento arrancó de cuajo mi sombrero y voló a toda velocidad varias sombrillas hacia delante. Ya ni siquiera podía verlo así que lo di por perdido y me volví para sentarme en mi sombrilla cuando alguien lo puso ante mí. Casi me desmayo cuando vi que era el chico de marras. Balbucee un “Gracias” apenas audible.
Sin preguntarme nada se sentó a mi lado simulando querer eludir el aire y me preguntó si veraneaba siempre allí y cuánto me quedaba de mis vacaciones. A saco…sin preliminar alguno.
Al principio estaba algo sorprendida y cortada, pero rápidamente entablamos una conversación como si nos conociéramos de toda la vida. Él fue a comprar unas bebidas y unos sándwiches y pasamos juntos todo el día de playa hasta contemplar la puesta de sol que terminó de unirnos y de separarnos, porque ahí nos despedimos.
Así estuvimos tres días…él se acercaba con su toalla a mi sombrilla y cada uno bajábamos bebidas y comida para pasar el día. No intercambiamos teléfonos; apenas el nombre. Solo filosofábamos, ya que él también era profesor de filosofía, nadábamos, jugábamos a las palas, comentábamos libros y reíamos.
El cuarto día, dos antes de que acabaran mis vacaciones, desperté con una de mis crisis agudas de vértigos que me impedían levantarme de la cama. Hice varios intentos pensando que él estaría extrañado de que hubiera desaparecido y la tierra me hubiera tragado. Al día siguiente amanecí exactamente igual. Imposible salir de la cama y bajar para avisarle.
Habíamos quedado en darnos los números de teléfono el último día para no enturbiar nuestra relación natural con mensajes de WhatsApp y redes sociales ¡Vaya fatalidad!
Al tercer día, que era justo cuando terminaban mis vacaciones y me tenía que marchar, amanecí perfecta y bajé corriendo a la playa en su busca… Nada…ni estaba ni apareció en todo el día.
Imaginé que ya habrían finalizado sus vacaciones y que se había marchado preguntándose por qué había desaparecido yo de esa forma tan repentina.
No sabíamos nada el uno del otro. Solo que era profesor, pero sin plaza y que cada año lo enviaban a un instituto.
Me invadió una desazón y una tristeza que nunca antes había experimentado. Las lágrimas se agolpaban en mi garganta que las engullía sin cesar en mi intento de no dar rienda suelta al aluvión de llanto que pugnaba por salir de mi interior.
Nunca me había sentido tan atraída por nadie ni había encontrado a alguien tan afín a mí y con el que me divirtiera tanto. ¿Se estaría sintiendo él también así?
¡Cómo habíamos podido ser tan estúpidos de no intercambiar los teléfonos ni decirnos donde vivíamos o donde trabajábamos! ¡No podía creerlo!
El resto del verano me lo pasé sumida en un estado mezcla de tristeza, rabia y melancolía…No recordaba haberme encontrado nunca tan miserablemente mal… ¡Así que eso debía ser el enamoramiento!
Llegó el día de volver al instituto y me aterraba la sola idea de que alguien me preguntara cómo había ido el verano y si había conocido a alguien por temor a no poder evitarlo y echarme a llorar ¡Que horrible todo!
El primer día de clase suele haber un gran alboroto entre los alumnos, pero este año llamó mi atención al llegar que la agitación era más bien entre los profesores…Mejor dicho…entre las profesoras…
¡Algun@s ya habréis adivinado por qué! ¡Y habéis acertado! 😜😜😜
Toda la revolución era por el profe nuevo de filosofía que estaba literalmente “como un tren”.
Cuando lo reconocí a lo lejos casi me desmayo de la impresión ¡No podía creerlo! ¡El destino volvía a unirnos! ¡Qué suerte!
Corrí todo lo que pude hacia él para descubrir al llegar que ya le estaba poniendo “ojitos” a la directora…Me vio y se notó que su alegría era sincera, pero su saludo fue estrictamente de amistad. ¡Eso se nota a 1000 leguas!
Se interesó por lo que me había ocurrido en la playa, que no volvió a verme, y rápidamente continuó babeando, por donde iba, con nuestra guapísima directora.”
¿Acaso pensabais que iba a ser un final de cuento de hadas y azúcar almibarado? Ya os lo advertí…no me gustan, especialmente, las historias románticas así que he hecho lo que he podido 😅😅😅
¡Espero que al menos os haya entretenido! Y como siempre os animo a escribir algo sea o no “novelita rosa” ¡A vuestra elección! 💕💕
¡Hasta la semana que viene, amig@s! 🤗🤗🤗


Buenos, bueno, esperaba el final como agua de mayo. No me podía creer que firmarás un Happy end. Pero bueno, has sido como la vida misma. Gracias por engancharnos a la lecturas.
ResponderEliminarQué curiosa la combinación entre literatura y química. Mientras leía el relato no podía evitar pensar que el enamoramiento siempre tiene dos historias: la que sucede y la que construimos en nuestra cabeza.
ResponderEliminarComo decía Ortega y Gasset, "el enamoramiento es un estado transitorio de imbecilidad" 😊. Quizá por eso bastan tres días para imaginar una vida entera. Otras veces compartimos años con alguien y nunca llegamos a conocerlo de verdad.
Me ha gustado especialmente cómo juegas con esa idealización tan propia del enamoramiento... hasta que la realidad aparece sin pedir permiso. Al final, quizá la química explique muchas cosas, pero la literatura sigue siendo la mejor forma de explicar lo que sentimos.
¡Enhorabuena por atreverte con un género que decías que no era el tuyo! Me ha parecido un relato muy entretenido. 👏