¡Hola Suki!
Hay días en los que te miras al espejo y no te gustas. 🙅
Otros en los que todo cuesta más: estás cansada, irritable, sin ganas de arreglarte, de salir o incluso de hacer esas pequeñas cosas que normalmente te hacen sentir bien.
Y quizá nunca te hayas planteado una pregunta bastante interesante: ¿puede nuestra alimentación influir en cómo nos sentimos con nosotras mismas?
La respuesta necesita algunos matices. Una carencia de vitaminas o minerales no provoca por sí sola una baja autoestima, porque nuestra percepción personal depende de muchísimos factores: nuestras experiencias, relaciones, personalidad, circunstancias, salud emocional...
Pero nuestro estado físico sí puede influir en cómo vivimos el día.
Cuando el cuerpo no está bien, todo cuesta un poco más
Una alimentación insuficiente o poco variada puede hacer que no obtengamos adecuadamente determinados nutrientes. Y algunas deficiencias nutricionales pueden manifestarse mediante cansancio, debilidad, dificultad para concentrarnos o alteraciones relacionadas con nuestro bienestar físico.
Pensemos en algo muy cotidiano.
Cuando llevas varios días durmiendo mal, estás agotada y apenas tienes energía, probablemente tampoco tienes las mismas ganas de arreglarte, salir, hacer ejercicio, cocinar o quedar con alguien.
No significa que hayas perdido tu autoestima.
Significa que cuando el cuerpo está agotado, cuidarnos requiere mucho más esfuerzo.
Y ahí puede comenzar un círculo que merece nuestra atención.
Alimentación, cerebro y estado de ánimo
Nuestro cerebro también necesita nutrientes para funcionar correctamente.
Vitaminas del grupo B, hierro, yodo, vitamina D, determinados ácidos grasos y otros nutrientes participan, de diferentes maneras, en procesos relacionados con el sistema nervioso y el funcionamiento normal del organismo.
Por eso una alimentación equilibrada no debería entenderse únicamente como una herramienta para controlar nuestro peso.
Comer bien también es cuidar el cerebro, la energía y nuestra capacidad para afrontar el día.
Eso no significa que tomar un suplemento vaya a solucionar la tristeza, la ansiedad o una mala relación con nuestro cuerpo. Si existe una deficiencia nutricional, corregirla puede ser importante, pero los problemas emocionales necesitan ser valorados dentro de su propio contexto.
El problema de mirarnos solamente desde fuera
Durante muchos años hemos asociado comer bien con adelgazar.
Y posiblemente ahí nos hemos equivocado.
Cuando pensamos continuamente en kilos, tallas y restricciones podemos terminar viendo la comida como un examen que aprobamos o suspendemos cada día:
“Hoy me he portado bien”.
“Hoy me he pasado”.
“Mañana no como”.
Pero alimentarnos no debería ser un castigo por no tener el cuerpo que deseamos.
Debería formar parte del cuidado que ofrecemos al cuerpo que ya tenemos.
Porque autocuidarnos no empieza cuando adelgazamos, cuando volvemos a entrar en aquellos pantalones o cuando nos gusta lo que vemos en el espejo. Empieza ahora.
El círculo que conviene romper
Existe otra situación bastante frecuente.
No estamos pasando por nuestro mejor momento, dejamos de cuidarnos, dormimos peor, comemos cualquier cosa, abandonamos determinadas rutinas y cada vez nos encontramos más cansadas.
Ese cansancio hace todavía más difícil recuperar los buenos hábitos.
No necesitamos sentirnos culpables por ello. Necesitamos identificar qué pequeña cosa podemos empezar a cambiar. Quizá preparar un desayuno más completo. Añadir verduras a una comida. Comer pescado varias veces por semana. Volver a tomar fruta. Beber suficiente agua. Salir a caminar.
O simplemente sentarnos a comer sin hacerlo delante del ordenador mientras terminamos otras tres cosas.
El autocuidado también se construye así.
¿Necesitas suplementos?
Aquí conviene ser especialmente prudentes.
Más vitaminas no significa necesariamente más salud. Algunos nutrientes pueden acumularse en el organismo y un consumo excesivo mediante suplementos puede resultar perjudicial.
Por eso no deberíamos empezar a tomar hierro, vitamina D, vitamina A u otros suplementos simplemente porque estamos cansadas o atravesamos una temporada de bajo ánimo.
Si el cansancio persiste, notas cambios importantes en tu estado físico o emocional o sospechas que puedes tener alguna carencia, lo adecuado es consultarlo con un profesional sanitario. Cuando sea necesario podrá valorar tu alimentación, tus síntomas y realizar las pruebas correspondientes.
Y si lo que está sufriendo es tu autoestima, pedir ayuda psicológica también forma parte del autocuidado.
Comer bien también puede ser una forma de decirte: me importo
Quizá esta sea la parte que más me gusta.
Cuidar nuestra alimentación puede cambiar de significado cuando dejamos de hacerlo exclusivamente para modificar nuestro cuerpo.
Elegir alimentos que nos nutren. Mover nuestro cuerpo para conservarlo fuerte. Dormir. Descansar. Salir al sol con sentido común. Pedir ayuda cuando la necesitamos. Y permitirnos también disfrutar de una comida simplemente porque nos encanta. Todo eso forma parte de una relación más amable con nosotras mismas.
La alimentación no construye por sí sola nuestra autoestima, pero sentirnos cuidadas por nosotras mismas sí puede ayudarnos a recuperar una sensación que muchas veces olvidamos: nuestro bienestar también merece ocupar un lugar en nuestra lista de prioridades.
Tal vez hoy no necesites cambiar toda tu alimentación.
Tal vez solo necesites preguntarte:
¿Qué puedo hacer hoy para cuidar un poquito mejor de mí?
Porque en Sukigonbee no buscamos una vida perfecta. Buscamos aprender a cuidar y celebrar la vida que ya tenemos. 💗
Este contenido ha sido redactado por personas y optimizado con herramientas de inteligencia artificial antes de su publicación
