Dormir bien también es cuidar tu salud emocional

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¡Hola Sukis!💤

Hay días en los que parece que todo nos molesta. 



Tenemos menos paciencia, una conversación sin importancia se nos hace enorme, nos cuesta concentrarnos y cualquier pequeño problema parece mucho más difícil de resolver. Y quizá no esté pasando nada extraordinario. Quizá simplemente estamos agotadas.


Dormir no es únicamente apagar la luz durante unas horas. El sueño es un proceso fundamental para que nuestro organismo se recupere y para que el cerebro pueda gestionar mejor todo lo vivido durante el día. Por eso, cuando descansamos mal de forma continuada, no solo aparece el cansancio físico: también puede cambiar nuestra manera de sentir, pensar y reaccionar.



¿Por qué todo parece peor cuando hemos dormido poco?

Seguro que alguna vez lo has comprobado. Después de una mala noche tenemos menos paciencia y nos cuesta mucho más relativizar.


La falta de sueño puede afectar a la atención, la concentración y la regulación emocional. Esto significa que situaciones que normalmente manejaríamos sin demasiados problemas pueden provocarnos una respuesta mucho más intensa cuando estamos cansadas.


No necesariamente ha cambiado el problema. Ha cambiado nuestra capacidad para enfrentarnos a él.


Y entender esta diferencia es importante porque quizá ese no sea el mejor momento para mantener una conversación complicada, tomar una gran decisión o sacar conclusiones definitivas sobre algo que nos preocupa.



Sueño, estrés y ansiedad: una relación de ida y vuelta

Aquí aparece uno de los círculos más incómodos: estamos preocupadas y dormimos peor; dormimos peor y al día siguiente estamos más sensibles al estrés.


Cuando esto ocurre durante varios días, podemos terminar sintiendo que vivimos permanentemente aceleradas.


Por eso cuidar el sueño no consiste únicamente en conseguir ocho horas perfectas cada noche. También significa crear momentos reales de descanso durante el día, reducir la estimulación antes de acostarnos y permitir que nuestro cuerpo vaya bajando revoluciones.



Dormir también ayuda al cerebro a ordenar el día

Mientras dormimos, nuestro cerebro sigue trabajando.


El sueño participa en procesos relacionados con el aprendizaje, la consolidación de recuerdos y el procesamiento de las experiencias vividas. Y esto incluye también aquello que nos ha emocionado, preocupado o alterado.


Quizá por eso después de una buena noche algunas cosas parecen diferentes.


El problema sigue ahí, pero podemos verlo con otra perspectiva.


Es esa maravillosa frase que tantas veces hemos escuchado: «mañana lo veré más claro». Y resulta que tenía bastante sentido.



¿Dormir mal puede afectar a nuestra salud mental?

Una mala noche ocasional entra dentro de la vida normal. El problema aparece cuando dormir poco o mal se convierte en algo habitual.


Los problemas persistentes de sueño están relacionados con un peor bienestar emocional y pueden aparecer junto a trastornos como la ansiedad o la depresión. La relación, además, puede funcionar en ambas direcciones: determinados problemas emocionales dificultan dormir y la falta continuada de sueño puede empeorar cómo nos sentimos.


Por eso un insomnio que se prolonga durante semanas no debería convertirse simplemente en algo con lo que aprendemos a convivir. Si descansar mal empieza a afectar a nuestra vida cotidiana, merece la pena consultarlo con un profesional sanitario.



También tomamos peores decisiones cuando estamos agotadas

Este punto solemos olvidarlo.


Dormir poco puede perjudicar nuestra atención, memoria, velocidad de reacción y capacidad para valorar determinadas situaciones. Cuando estamos agotadas es más fácil actuar por impulso, abandonar algo porque nos parece demasiado complicado o responder de una manera que, descansadas, probablemente habríamos evitado.


Así que hay una pequeña regla que merece la pena recordar... Si estás agotada y puedes esperar, no decidas hoy lo que puede decidirse mañana.



Entonces, ¿qué podemos hacer para descansar mejor?

No necesitamos convertir la noche en un ritual perfecto de veinte pasos. De hecho, cuanto más complicada hagamos una rutina, más difícil será mantenerla.


Podemos empezar por algo mucho más sencillo: intentar acostarnos y levantarnos aproximadamente a la misma hora, buscar luz natural y movimiento durante el día, reducir la cafeína cuando se acerca la tarde si somos sensibles a ella, cenar sin excesos y crear una última hora del día algo más tranquila.


También conviene revisar el dormitorio: oscuridad, temperatura agradable, poco ruido y una cama asociada principalmente al descanso.


Y sí, el móvil merece una mención. Más allá de la pantalla en sí, muchas veces el verdadero problema es todo lo que hacemos con ella: noticias, vídeos, mensajes, trabajo, redes sociales… justo cuando nuestro cerebro debería empezar a entender que el día ha terminado.



Descansar no es perder el tiempo

Durante mucho tiempo hemos relacionado ser productivas con aprovechar cada minuto. Nos acostamos tarde para terminar algo, madrugamos para llegar a todo y presumimos incluso de funcionar con cinco horas de sueño.


Pero el cuerpo termina pasando factura.


Dormir bien forma parte del cuidado personal exactamente igual que alimentarnos adecuadamente, movernos o atender nuestra salud emocional.


Porque descansar no significa hacer menos.


A veces significa tener mañana la energía, la paciencia y la claridad mental necesarias para hacerlo mucho mejor.


Y quizá esta noche, antes de intentar solucionar todos los problemas del mundo desde la almohada, podamos recordar algo mucho más sencillo: algunos pensamientos necesitan una respuesta… y otros simplemente necesitan que durmamos.


Nota editorial: Este artículo ha sido redactado por el equipo de Sukigonbee y posteriormente revisado, mejorado y optimizado con el apoyo de herramientas de inteligencia artificial.




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