La política como fe ciega: una reflexión necesaria
En estas fiestas nos hemos juntado con muchos amigos y familiares, y me he quedado atónita con la cantidad de hooligans políticas que hay. Que conste que no he entrado al trapo de nadie, y mira que me han buscado...
Aun así, me quedo, como ya te he dicho, patidifusa con la idea de que la política se trate como una religión o un equipo de fútbol: que tus padres te lo inculcan y vas a muerte con ellos, aunque te hagan daño.
Yo soy muy crítica con mis ideas. Soy una mujer con sentido común. Realmente no soy de izquierdas ni de derechas porque, como uso el cerebro, veo mal que alguien entre de forma ilegal aquí y no quiera integrarse porque venga a conquistar y a delinquir. Pero sí estoy de acuerdo con esa persona que viene a mi país a buscarse la vida, a trabajar y a luchar codo con codo conmigo para mejorar el futuro de mi país.
Veo fatal la ceguera de consentir que te roben algunos personajes de tu partido y que, como es de tu partido, lo veas bien. Perdóname, si ajustas lo que pagas en impuestos son casi cinco meses de trabajo, de tu sudor, que has trabajado para tener mejor sanidad, mejor educación y mejores infraestructuras… pero nos da igual que ese esfuerzo se vaya a las Maldivas a nombre de fulano o sutano.
Si tu partido gestiona mal, es como cuando tu padre no paga la factura de la luz: llegará un momento en que te la corten. O imagina que se quede el dinero para ir a jugar a las tragaperras. ¿No te revelarías? Y es tu padre, imagina un personaje que no te toca nada, y que le hecha cara al asunto.
¿En serio? ¿Así está España?

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