¡Hola Suikis!
En 2002 eran tres personas conectadas a una máquina capaces de anticipar un crimen.
Hoy son los datos los que intentan calcular lo que probablemente haremos. La pregunta ya no parece tan de ciencia ficción: ¿dónde termina la predicción y empieza el prejuicio?
Cuando vi Minority Report por primera vez, aquello me parecía ciencia ficción en estado puro. Tres personas palidas y gelatinosas, los precogs, permanecían conectadas a un sistema capaz de anticipar asesinatos. La policía recibía la predicción y detenía al supuesto culpable antes de que cometiera el crimen. Más de veinte años después he vuelto a pensar en aquella película y hay algo que me resulta inquietante: no tenemos precogs, pero hemos aprendido a hacer predicciones utilizando cantidades enormes de datos.
Y aquí empieza ¿Sigue siendo ficción?, una serie en la que vamos a recuperar películas que imaginaron sociedades aparentemente imposibles y colocarlas frente a nuestra realidad. No para afirmar que predijeron el futuro, sino para hacernos una pregunta mucho más interesante: ¿qué parte de aquella ficción existe ya?
¡Atentas!
La película de Steven Spielberg, estrenada en 2002 y basada en un relato de Philip K. Dick, nos lleva al Washington de 2054. Allí existe una unidad policial llamada Precrime que detiene a futuros asesinos antes de que maten. Las predicciones proceden de tres precogs cuyas visiones se consideran infalibles.
El problema comienza cuando el propio jefe de la unidad, John Anderton, aparece señalado como futuro asesino de un hombre al que ni siquiera conoce.
Y entonces surge la gran pregunta de la película: si todavía no lo has hecho, ¿eres culpable?
Más de veinte años después seguimos sin poder conocer el futuro. Una inteligencia artificial tampoco puede hacerlo. Pero sí podemos alimentar sistemas con miles o millones de datos y pedirles que encuentren patrones para calcular probabilidades.
Y eso cambia bastante las cosas. ¿No crees?
Los nuevos precogs son hoy edificios, mares y terrenos llenos datos.
Los algoritmos predictivos ya se han utilizado en ámbitos policiales y judiciales. Existen sistemas que analizan datos históricos para estimar lugares donde puede producirse más delincuencia y herramientas de evaluación de riesgo utilizadas para intentar calcular probabilidades relacionadas con reincidencia o determinadas conductas.
Pero una probabilidad no es una profecía. ¿O sí?
Un algoritmo trabaja con información del pasado. Y precisamente ahí aparece uno de los problemas: si los datos utilizados contienen errores, desigualdades o sesgos históricos, el sistema puede reproducirlos e incluso amplificarlos. NIST, el organismo estadounidense de estándares y tecnología, advierte de que los sesgos pueden quedar incorporados a sistemas automatizados y aumentar su escala y sus consecuencias.
Un estudio publicado en 2026 sobre diferentes aplicaciones urbanas de inteligencia artificial describe incluso los llamados bucles de retroalimentación: utilizar datos históricos para decidir dónde prestar más atención puede generar nuevos datos que vuelvan a señalar exactamente esos mismos lugares.
Es decir, la máquina puede acabar aprendiendo de una realidad que nosotros mismos hemos construido.
Europa ya ha puesto un límite, pero pequeño hay que decirlo.
Y aquí es donde Minority Report deja de resultarme simplemente entretenida.
La Ley de Inteligencia Artificial de la Unión Europea incluye entre sus prácticas prohibidas la evaluación o predicción del riesgo de que una persona cometa una infracción penal cuando se basa únicamente en la elaboración de su perfil o en la evaluación de sus rasgos y características personales.
No significa que Europa tenga una unidad Precrime. Ni muchísimo menos.
Significa algo más interesante: hemos desarrollado herramientas suficientemente poderosas como para que haya sido necesario preguntarnos legalmente hasta dónde estamos dispuestos a permitir que una máquina haga predicciones sobre una persona.
Y quizá ahí estaba la verdadera advertencia de Minority Report.
No en aquellos tres seres humanos sumergidos en una piscina viendo asesinatos futuros, ni en las pantallas transparentes, ni siquiera en los coches futuristas.
Estaba en nuestra tendencia a confiar en una predicción cuando detrás aparece una tecnología que parece saber más que nosotros.
Porque una IA puede calcular probabilidades. Puede encontrar patrones que ningún ser humano sería capaz de detectar entre millones de datos. Puede ayudarnos muchísimo y probablemente transformará nuestras vidas para bien en multitud de aspectos.
Pero sigue existiendo una diferencia enorme entre decir «esto podría ocurrir» y decir «tú vas a hacerlo».
John Anderton necesitó descubrirlo en 2054. Nosotros estamos empezando a discutirlo ahora.
Y entonces… ¿sigue siendo ficción?
El equipo de Sukigonbee ha redactado este artículo y lo ha revisado y mejorado con herramientas de IA.