¡Hola Sukis! 💛
Ayudar, compartir y preocuparnos por los demás son valores que merece la pena conservar.
Pero ser generosos no exige aceptar cualquier comportamiento ni solucionar constantemente los problemas ajenos.
Nos han enseñado que hay que ayudar a los demás, compartir y echar una mano cuando alguien lo necesita. Y ojalá nunca perdamos eso.
El problema aparece cuando empezamos a pensar que ser buena persona significa decir siempre que sí, evitar cualquier conflicto o hacernos responsables de situaciones que no nos corresponden.
Entonces, ¿dónde está el límite?
¿Cómo distinguir generosidad de buenismo?
1. La generosidad ayuda; no necesariamente rescata. Si alguien puede solucionar un problema por sí mismo, hacerlo siempre en su lugar quizá no sea la mejor manera de ayudarle.
2. Podemos comprender sin justificarlo todo. Entender por qué alguien se ha comportado de determinada manera no obliga a considerar correcto lo que ha hecho.
3. Decir «no» también puede ser sano. Prestar dinero que no podemos permitirnos perder, asumir continuamente tareas ajenas o aceptar faltas de respeto por no molestar no nos convierte en mejores personas.
4. Ayudar también implica responsabilidad. Una ayuda útil intenta mejorar una situación, no mantener indefinidamente aquello que la provoca.
5. La generosidad también necesita límites. Nuestro tiempo, dinero y energía son finitos. Cuidarlos nos permite decidir cuándo y cómo podemos ayudar realmente.
Una pregunta antes de decir que sí
Cuando alguien necesite algo de ti, prueba a preguntarte: «¿Estoy ayudando porque considero que es lo correcto o porque me siento culpable si digo que no?»
La diferencia puede ser enorme.
Podemos ser solidarios, compasivos y estar pendientes de quienes tenemos alrededor sin renunciar al sentido común.
Porque tener un corazón enorme no significa dejar la cabeza en casa.
El equipo de Sukigonbee ha redactado este artículo y lo ha revisado y mejorado con herramientas de inteligencia artificial.
