El cuento de la criada: el miedo está en cómo empieza

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¡Hola Sukis!

Gilead parece una distopía imposible hasta que observamos cómo se construye: una restricción, después otra y otra más. ¿Ficción? Afganistán y el mundo islámico sobre todo demuestra que una sociedad puede cambiar profundamente en muy poco tiempo.



Vi El cuento de la criada hace apenas unas semanas y reconozco que hubo momentos en los que tuve que recordar que estaba viendo una ficción.


No tanto por Gilead, esa sociedad terrible que todos identificamos inmediatamente por las mujeres vestidas de rojo, sino por cómo se llega hasta allí.


Quizá me impresionó especialmente porque conozco de primera mano Afganistán y he visto cómo ha cambiado la vida de sus mujeres. Y mientras veía la serie había situaciones que inevitablemente me llevaban hasta ellas.



Gilead no apareció de repente

Margaret Atwood publicó The Handmaid's Tale en 1985. Una de las claves para comprender su obra es que decidió no inventar atrocidades completamente nuevas: los mecanismos de opresión que utilizó tenían precedentes en distintos momentos y lugares de la historia.


Por eso Gilead resulta tan perturbador.


No necesitamos creer que vaya a existir exactamente una sociedad como aquella para comprender su advertencia.


Primero ocurre algo excepcional. Después aparece una nueva norma. Más tarde llega otra restricción. La población se adapta mientras continúa haciendo su vida y, cuando mira hacia atrás, descubre cuánto ha cambiado.



Entonces pensé en Afganistán

Cuando los talibanes recuperaron el poder en agosto de 2021, las restricciones sobre las mujeres fueron acumulándose.


Llegaron limitaciones para estudiar, trabajar, desplazarse y participar en determinados espacios de la vida pública. En 2022 se prohibió el acceso femenino a las universidades y posteriormente continuaron apareciendo nuevas restricciones. Naciones Unidas lleva años documentando ese progresivo retroceso de derechos.


Y ahí encontré el paralelismo que verdaderamente me inquietó viendo El cuento de la criada.


No los vestidos. Ni las Criadas.


¡Amigas! Los pasos.


Personas que continúan viviendo mientras su entorno cambia. Una prohibición que hoy parece excepcional y mañana forma parte de la normalidad. Otra después. Y suma y sigue



¿Y Europa?

Aquí debemos ser especialmente cuidadosos.


Europa no es Gilead y tampoco es Afganistán. Las mujeres europeas disfrutamos de derechos políticos, educativos, laborales y civiles protegidos por nuestros sistemas democráticos. 


Pero nuestra Europa poco a poco esta cambiando de sociedad, menos europeos de base cristiana y más musulmanes. 


Pero precisamente por eso creo que El cuento de la criada merece ser vista.


Porque obliga a plantearnos algo que va mucho más allá de una religión, un país o una ideología: ¿Cuándo debemos empezar a preocuparnos por un derecho? ¿Cuando desaparece o cuando comienza a cuestionarse?


A veces pensamos que nuestra sociedad solamente puede avanzar. Que aquello que conseguimos permanecerá para siempre.


La historia y la actualidad nos demuestran que no necesariamente funciona así.


Los derechos necesitan leyes que los protejan, instituciones que los garanticen y ciudadanos conscientes de su importancia.



Lo verdaderamente aterrador

Margaret Atwood no necesitó en 1985 imaginar monstruos extraterrestres ni máquinas capaces de dominar el planeta.


Le bastó con mirar la historia.


Y quizá por eso, cuarenta años después, su historia continúa incomodándonos.


Porque cuando vemos Gilead podemos pensar: «Eso aquí sería imposible».


Pero probablemente la pregunta interesante sea otra.


¿Cuántas cosas que hoy consideramos imposibles han ocurrido ya alguna vez en algún lugar del mundo?


Yo terminé El cuento de la criada pensando precisamente en eso.


Y también pensando que una sociedad debería prestar atención no solamente a los grandes cambios.


También a los pequeños. Como el cambio cultural bajo el nombe de crisis humanitaria. 


Porque quizá lo verdaderamente peligroso no sea despertarnos una mañana dentro de Gilead.


Quizá sea acostumbrarnos poco a poco al camino que conduce hacia algo que nunca habríamos aceptado de golpe.


Y entonces… ¿sigue siendo ficción?


El equipo de Sukigonbee ha redactado este artículo y lo ha revisado y mejorado con herramientas de IA.



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