La tontuna del Gas Pimienta y la retaíla que ha traído.

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¡Hola mis Sukis!

Sobre armas, defensa personal, mujeres que quieren sentirse seguras y la curiosa costumbre de confundir hacerse la tonta con serlo.



Como todas sabéis soy ama de casa 


Ayudo casi todas las tardes a mi hijo con las matemáticas y la física de segundo de Bachillerato y soy tan tonta que probablemente podría seguir ayudándole buena parte de la carrera de Ingeniería Naval. Aunque mis estudios no tengan mucho que ver pues hice GAP en la Rey Juan Carlos y aburrida hice tambien delineación. Pero el BUP, era otro nivel...


También me encanta leer el BOE. Una mala costumbre, por mi trabajo. Y los que me conocen lo saben y lo odian, porque eso me hace muy repelente, lo reconozco.


Sí, ya sé que esto puede resultar bastante preocupante. Pero hay gente que ve series antes de dormir; yo me leo una disposición adicional. Cada una tiene sus vicios.


De hecho, creo que la mitad de España no se lee el BOE y debería hacerlo. Nos ahorraríamos unas cuantas discusiones y bastantes expertos espontáneos en legislación.


También pasé cierto tiempo formando parte del Ministerio de Defensa y las armas me gustan. Mucho. Durante años iba con mi padre a competiciones de tiro al plato, de hecho él quedo segundo de Andalucía en 1992, ha llovido de eso. Ahora podría seguir yendo, claro está, pero sin él ya no es lo mismo. 


Y además así para que sepáis un poco más de mi, me encanta la filosofía, la poesía, la música clasica, las bandas sonoras, tejer y, por encima de todo, cuidar de mi familia. Una madre súper aburrida, eso si es cierto.


Lo cuento porque todavía existe un ejemplar humano, generalmente masculino —aunque no exclusivamente—, que escucha «ama de casa» y automáticamente descuenta unos cuarenta puntos de cociente intelectual.


Y ahí está el error. Porque existe una diferencia considerable entre ser tonta y hacerse la tonta.


Hacerse la tonta, además, tiene una ventaja extraordinaria: mientras el otro está encantado explicándote el mundo con la seguridad de quien acaba de descubrirlo, tú puedes observar tranquilamente hasta dónde llegan sus conocimientos. Y eso, queridas mías, es muy divertido.


Ser ama de casa no me convierte en cateta, ignorante ni payasa. Soy ama de casa porque he elegido cuidar de mi familia y me siento profundamente orgullosa de hacerlo.


Dicho esto, hablemos de gas pimienta.



La pregunta sería ¿El gas pimienta es un arma?

Aquí empieza lo divertido. Porque alguien puede decir: «El gas pimienta es un arma».

Y otra persona contestar: «No, es un medio de defensa personal».

Y comenzar una discusión de tres días.


Pero, como tengo esa fea costumbre de leer el BOE, vamos al Reglamento de Armas.


El artículo 5.1.i del Real Decreto 137/1993 incluye entre los elementos prohibidos los sprays de defensa personal y las armas que despidan gases o aerosoles. Hasta aquí podría parecer que se acabó la discusión.


Pero resulta que el párrafo siguiente establece una excepción expresa: determinados sprays de defensa personal aprobados por el Ministerio de Sanidad, previo informe de la Comisión Interministerial Permanente de Armas y Explosivos, se consideran permitidos y pueden venderse en armerías a mayores de edad que acrediten su identidad.


Es decir: no vale cualquier bote comprado en cualquier sitio, ni cualquier producto que alguien haya decidido importar porque en Internet ponía self defense con unas letras muy bonitas.


Tiene que ser uno de los autorizados. Y todavía hay algo que me parece más interesante.


La Orden de 3 de octubre de 1994, que desarrolla precisamente el régimen de estos productos, define el spray de defensa personal como un recipiente con determinadas características cuyo aerosol está destinado a su uso en defensa personal.


No lo digo yo. Lo dice la norma. (Esto para mi amigo Irreverente)



Subrayo en negrita: Arma ofensiva y medio defensivo no son lo mismo. Me explico.


Aquí entramos en un debate que me parece mucho más interesante que discutir por una palabra. Una cosa es la naturaleza de un objeto y otra el uso que se hace de él.


Un cuchillo de cocina sirve para cortar tomates. Si alguien lo utiliza para agredir a otra persona, evidentemente el tomate deja de ser el protagonista.


Con un spray sucede algo parecido. Un spray de defensa personal autorizado no convierte a una mujer que lo lleva para protegerse en una especie de Rambo con bolso.


Su finalidad reconocida normativamente es defensiva. Eso tampoco significa que pueda utilizarse porque alguien nos haya mirado mal, porque tengamos una discusión o porque el vecino nos caiga fatal.


El Código Penal es bastante más serio que x.com. Menos mal. 


La legítima defensa exige que exista una agresión ilegítima, que haya necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla y que no exista provocación suficiente por parte de quien se defiende.


Por tanto, «está permitido» no significa «puedo utilizarlo cuando me dé la gana». Parece obvio.

Pero últimamente las cosas obvias necesitan nota al pie. 



Para mi amigo I. diferencia entre Armas prohibidas y armas permitidas.

También confundimos constantemente estos conceptos.


El Reglamento establece armas cuya fabricación, circulación, tenencia o uso están prohibidos, con las excepciones que correspondan. El artículo 4 enumera, por ejemplo, determinados puñales, navajas automáticas, bastones-estoque, llaves de pugilato y otros instrumentos especialmente peligrosos.


El artículo 5 contiene otras prohibiciones y restricciones, entre ellas defensas eléctricas, defensas extensibles, determinadas municiones y los sprays que comentábamos antes, introduciendo precisamente la excepción para los sprays de defensa personal que hayan obtenido la aprobación correspondiente.


Por tanto, no todo lo que una persona denomina coloquialmente «arma» tiene exactamente el mismo régimen jurídico.


Y tampoco que algo sea legal significa que pueda portarse, exhibirse o utilizarse de cualquier manera y en cualquier lugar. El propio Reglamento establece reglas sobre porte, exhibición, uso, necesidad y diligencia, y faculta a los agentes para intervenir cuando proceda.


Hay que leer las normas completas. Es una manía que tengo.

 


Lo que verdaderamente me indigna como mujer y hace que escriba esta reflexión no es realmente el gas pimienta.


Nace de algo que me parece muchísimo más triste.


Que una mujer española llegue a plantearse que necesita llevar un medio de defensa para sentirse segura.


Eso es lo que me indigna.


No quiero vivir en una sociedad en la que una chica tenga que comprobar qué lleva en el bolso antes de volver sola a casa. No quiero que nuestras hijas aprendan qué spray está homologado antes que a caminar tranquilas por una calle.


Y tampoco quiero que normalicemos esa situación diciendo simplemente: «Pues que lleven uno». ¡No!


Para mí, el debate importante debería ser otro: ¿por qué siente una mujer que necesita llevarlo?


Yo quiero un Estado capaz de proteger a sus ciudadanos y unas calles en las que una mujer pueda caminar sin convertir la defensa personal en una preocupación cotidiana.


Y si hemos llegado al punto de discutir qué instrumento defensivo puede llevar una mujer para sentirse segura, quizá deberíamos preguntarnos qué está fallando antes de discutir durante horas sobre cómo llamamos al bote.


Porque yo puedo aprenderme el artículo 5 del Reglamento de Armas. Comprar un spray autorizado. Saber perfectamente cuándo podría existir legítima defensa. Pero preferiría no necesitar jamás ninguna de esas tres cosas.


Y quizá sea porque soy una simple ama de casa como mucha de vosotras. Ya sabéis.


De esas que hacen punto, leen poesía, ayudan con Física, han trabajado en Defensa, disfrutan leyendo el BOE y saben disparar.


Pero tontas, lo que se dice tontas… A veces simplemente nos hacemos.


En fin, gracias por la inspiración para este artículo a mi querido nuevo amigo @IrreverenteR




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