Cuando tu espalda pide ir al baño

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¡Hola, Sukis!  🌷

El estreñimiento puede esconderse detrás de una lumbalgia💩


Seguro que alguna vez te ha pasado. Empieza un dolor sordo en la parte baja de la espalda, piensas que has dormido mal, que te has agachado demasiado o que necesitas un masaje. Sin embargo, pasan las horas y recuerdas algo importante: llevas varios días sin ir al baño. De repente todo empieza a tener sentido.


Aunque no siempre ocurre, el estreñimiento puede provocar dolor lumbar. Es un motivo de consulta bastante frecuente y muchas personas no relacionan ambas cosas porque, a simple vista, parecen no tener nada que ver.


Cuando el intestino grueso acumula demasiadas heces, aumenta la presión dentro del abdomen. Esa presión puede transmitirse a los músculos, ligamentos y nervios cercanos a la zona lumbar, generando una sensación de tensión o incluso un dolor bastante intenso. Además, cuanto más lleno está el colon, menos espacio tienen el resto de órganos para moverse con normalidad.


Desde la medicina occidental esto tiene una explicación anatómica muy clara. Pero la medicina tradicional oriental va un paso más allá.


En disciplinas como la medicina tradicional china se considera que el intestino grueso forma parte de un sistema energético relacionado con la eliminación de aquello que el cuerpo ya no necesita. Cuando este proceso se bloquea, no solo puede aparecer estreñimiento, sino también rigidez, sensación de pesadez y molestias en la espalda baja, especialmente si existe un desequilibrio energético previo. No significa que toda lumbalgia tenga este origen, pero sí que el funcionamiento intestinal influye mucho más de lo que solemos pensar.


La buena noticia es que, cuando el dolor está relacionado con el estreñimiento, suele mejorar conforme el intestino vuelve a funcionar con normalidad.


¿Qué puedes hacer?🌿

Lo primero es hidratarte bien. 💧Beber suficiente agua ayuda a que las heces sean más blandas y fáciles de expulsar. Después, aumenta poco a poco el consumo de frutas, verduras, legumbres y alimentos ricos en fibra, siempre acompañados de agua. Si aumentas la fibra sin beber lo suficiente, el problema puede empeorar.


Otro gran aliado es el movimiento. Caminar veinte o treinta minutos al día estimula el intestino de forma natural. No hace falta correr una maratón; un paseo a buen ritmo ya supone una diferencia.


Desde la medicina oriental también se recomienda aplicar calor suave sobre el abdomen y la zona lumbar. El calor favorece la relajación muscular y muchas personas notan alivio casi inmediato. Un masaje circular en el abdomen, siguiendo el recorrido del colon —de derecha a izquierda pasando por encima del ombligo—, también puede ayudar a estimular el tránsito intestinal.


Y un consejo muy sencillo que suele olvidarse: no ignores las ganas de ir al baño. Retrasarlas una y otra vez hace que el intestino absorba más agua de las heces y estas se vuelvan más duras.


Eso sí, conviene saber distinguir cuándo el dolor necesita una valoración médica. Si aparece fiebre, vómitos, sangre en las heces, pérdida de fuerza en las piernas, dificultad para controlar la orina o el dolor lumbar es muy intenso y no mejora tras evacuar, hay que consultar cuanto antes.


A veces pensamos que la espalda nos está fallando cuando, en realidad, quien está pidiendo ayuda es el intestino. Escuchar al cuerpo y observar el conjunto, en lugar de fijarnos solo en el lugar donde duele, puede ser la clave para resolver el problema mucho antes de lo que imaginamos.



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