La obra escolar más divertida e inesperada

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 ¡Hellooo Sukisss!

Cuando Shakespeare casi arruina nuestra función 🎭😂




Hoy es uno de esos días en los que piensas en tus días de instituto. Seguro que te ha pasado algo parecido, hay actividades escolares que se olvidan al terminar el curso por no decir el mismo trimestre. Y luego están esas que, muchos años después, todavía te hacen reír cuando las recuerdas. Esta te prometo que pertenece claramente al segundo grupo.


Todo comenzó en una clase de literatura, de esas que prometen poco. Nuestra profesora creyó interesante darnos un poco de emoción con una gran idea, que ya te adelanto que era poco emocionante. La cosa era que teníamos que formar grupos y representar una obra de teatro inspirada en Italia. Después de varias propuestas, la listilla de mi grupo acabo eligiendo "La comedia de las equivocaciones", de Shakespeare.


La elección parecía sencilla. Lo que no sabíamos... era que terminaríamos creando una versión tan peculiar,  que ni el propio Shakespeare habría podido imaginar. 


Por poneros en situación y para quien no sepa de que va la obra, el argumento ya de por sí es bastante divertido. La trama gira alrededor de dos hermanos gemelos separados al nacer, y sus respectivos sirvientes, que también eran gemelos. Como todos se parecen muchísimo, nadie sabía quién es quién. Unos creen estar hablando con una persona cuando en realidad hablan con otra. Hay enfados, confusiones, persecuciones y situaciones absurdas que terminan convirtiéndose en un auténtico caos.


En fin, cuando leímos el resumen que nos paso la listilla, (hay que decir que la muchacha se lo curro) pensamos que sería súper fácil y divertido representar algo basado en tantos malentendidos. ¡Qué equivocados estábamos!


Los problemas comenzaron en los ensayos. El lenguaje antiguo hacía que continuamente olvidaramos o nos equivocáramos en las frases. Luego estaban las entradas en escena, un caos. y de los cambios continuos de vestuario ni te cuento. Yo que era uno de los criados, ya no sabía ni cuando era el criado de uno o del otro. Pues yo hacía a los dos, al igual que el compañero hacia los dos papeles de los protagonistas gemelos.  Así que continuamente aparecía vestido para una escena completamente diferente a la que le correspondía.


Un día en un ensayo general, llevábamos dos horas, cuando de pronto nos dimos cuenta, que algo no cuadraba. Y de pronto la listilla dijo:  ¿Y dónde está el personaje principal?... Nos quedamos en silencio.


Después de quince minutos de risas, nos acordamos de que lo habíamos dejado esperando, vestido en la cafetería en la que habíamos quedado antes de ir al ensayo. (Que maravillosa época sin móviles) Ni te imaginas como estaba cuando fuimos a por él.


Las risas fueron inevitables.


Otro momento memorable ocurrió cuando intentamos recrear una escena de discusión. Y nos dimos cuenta que yo iba vestida del otro personaje, intentábamos ser serios y dramáticos. Y ya para mejorar cuando el gemelo 1 decidió que era mejor improvisar, y empezó a hablar como Eugenio "Saben aquel que diu"... Y ya todos empezaban a decir cosas sin sentido intentando no parar la escena. No podíamos decir ni dos frases seguidas sin reírnos. Durante varios minutos la escena dejó de tener sentido, pero nos reíamos tanto que nadie quería detenerla. Pero el colmo llego cuando me hice pis encima de tanto reírme. Cuanto más quería parar, más me meaba. La vergüenza era máxima.


El día de la representación tampoco faltaron las sorpresas. Los nervios estaban por todas partes. Una compañera confundió dos personajes, otro perdió un accesorio importante y alguien entró por el lado equivocado del escenario.


La gracia fue que el público, tan tonto como nosotros (edad del pavo) pensó que muchas de aquellas equivocaciones formaban parte de la comedia. (Evidentemente nadie se había leído el libro).


Al terminar, recibimos aplausos y nosotros apenas podíamos contener la risa. Habíamos empezado intentando representar una obra sobre confusiones y acabamos confundidos nosotros e involucrando al público.


Hoy, cuando recuerdo aquella experiencia, no pienso en las frases que aprendimos ni en la nota que obtuvimos. Lo que realmente permanece es el recuerdo de un grupo de compañeros, sin nada en común, divirtiéndose juntos, resolviendo errores sobre la marcha y descubriendo que, a veces, los mejores momentos nacen precisamente cuando las cosas no salen como estaban previstas.


Otro aprendizaje que yo saco de esta historia, es que me enseño a que cuando algo sale mal, lo primero que debo hacer es pensar en cómo mejorarlo, en darle la vuelta. En improvisar, vamos. Pero sobre todo a sacar lo positivo y maravilloso de los errores que cometo en mi vida.


Y sinceramente, creo que esa fue nuestra verdadera obra maestra. 🎭✨




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