¿De verdad soy tacaña… o simplemente me niego a engordar a otros?👀
Hay una frase que pesa más que una factura mal repartida: “No seas rata, pagamos a escote.”
Y detrás de ella, casi siempre, hay algo mucho más feo que el dinero: la falta de respeto.
He perdido amistades por no querer compartir la cuenta. Así, sin más. Amigos que, al ver que no me sumaba con entusiasmo al “lo dividimos a partes iguales”, empezaron a mirarme mal. A enfadarse y a juzgar con los gestos propios. Y al final, como suele pasar, dejamos de salir. No porque faltara cariño, que al final te das cuenta de que no había mucho, sino porque sobró mucha cara.
A mi particularmente no me gusta comer fuera. No es por capricho o postureo. Es miedo. Pasé por una salmonelosis que me dejó marcada, y desde entonces comer fuera me genera un apuro que me cuesta explicar. Cuando salgo, pido poco. Elijo cosas muy cocinadas: croquetas bien fritas, carne hecha a la brasa, nada raro, nada caro. Mi esposo come normal, sin excesos, y curiosamente los platos caros suelen ser alimentos que a él nunca le han gustado.
¿El resultado?
Cuando salimos solos, nuestra cuenta rara vez pasa de 40 euros.
Cuando salimos en grupo, 30 euros por cabeza como mínimo.
Y eso sin café. Sin alcohol. Sin postres compartidos ni rondas eternas.
La matemática no falla. La intención, a veces, sí.
Entonces vicheas por internet y lees algo de "El fenómeno del grupo" y piensas "¡Tate! lo de juntarnos es una excusa".
Lo más paradójico es observar a esas mismas personas en fotografías que ellos mismos cuelgan en redes sociales. Cuando comen en casa o salen en pareja, piden menús normales, platos sencillos, para carteras austeras.
Pero en grupo… de pronto se vuelven de clase alta.
Ahí aparecen los platos más caros, los vinos “especiales”, los entrantes que nadie pidió pero todos pagan. Y que solo comen unos cuantos.
¿Es extraño?
Para ti si, para ellos ¡No!
A eso amiga mía se le llama "comportamiento oportunista".
Continuando con la lectura del "fenómeno de grupo" y copio y pego para que tu también lo leas: La sociología lo explica bien: en contextos grupales donde el coste se reparte, muchas personas consumen más de lo que consumirían si pagaran individualmente. Es un fenómeno estudiado dentro de la economía conductual y la psicología social, relacionado con la difusión de la responsabilidad. Cuando el impacto se diluye, el límite moral también.
Y sigo copiando y pegando porque esto te dejará como a mi patidifusa, según un estudio clásico de Fehr y Gächter sobre cooperación social se demuestra que las relaciones sanas se sostienen sobre la reciprocidad justa, no sobre el abuso tolerado. Cuando alguien se beneficia sistemáticamente del grupo sin aportar de forma equitativa, no estamos ante amistad, sino ante conveniencia.
¡Si! Lo has leído bien, lo que tu madre te decía cuando tenías 16 años de esa misma persona, que te decía es un "convenio" ese no es un amigo. ¿Te acuerdas?
Y otra cosa te digo por experiencia propia, y lo más importante que debes tener en cuenta "los amigos no se enfadan cuando pones un límite razonable. Los aprovechados, sí."
Otra cosa es ir a Menú cerrado, eso sí. Abuso, ¿perdona? Pero no.
No me importa un menú cerrado. Es más me agrada esa formula, y me encanta cuando mis amigas me dicen hoy nos vamos de menú del día, ya sabes que te vas a gastar y que vas a pasar un buen rato, todo está controlado.
Cuando es una celebración igual, todos comemos lo mismo. Todo está hablado. Todo es claro. No hay sorpresas.
Lo que no acepto es la sorpresa de llevar 100€ en el bolsillo y que la cuenta sean 68€ por pagar vinos que no he bebido, platos de 45€ que no me he comido o rondas que nadie me preguntó si yo quería asumir. Eso no es compartir. Eso es imponer.
Además, hay algo que muchos olvidan con una ligereza obscena: nadie sabe la situación económica de nadie.
No sabes el esfuerzo que hizo esa persona para ir a comer y pasar el rato contigo.
No sabes si está ahorrando, si llega justa a final de mes, si simplemente prioriza otras cosas.
Y perdóname pero no, no tienes derecho a decidir por ella cuánto debe gastar para encajar en tu vida o formar parte de este grupo.
Yo prefiero pagar lo que consumo y así llevo mis cuentas. Y si quiero invitar, que sea porque me nace del alma, no porque me obligan.
Obligar a pagar rondas es grosero. Pero, normalizarlo es aún peor.
¿Y qué pasa? Pues que cuando pones límites, se les caen las máscaras.
Al final, te lo tomas con otra energía, perder a estas personas no es en realidad una pérdida. Es un filtro.
Porque una amistad de verdad no se mide en la cuenta, sino en el respeto mutuo.
Decir “yo pago lo mío” no te hace tacaña. Te hace consciente. Y, sobre todo, libre.
Quizá este texto incomode a muchos ¡Ojalá!
Porque si alguien se siente aludido, tal vez sea momento de revisar si comparte mesa… o se aprovecha de ella.
Y amigas, así con casi todo en la vida... sobre todo cuando vamos cumpliendo años, que es cuando nos vamos dando cuenta de que no merece la pena tener amistades de esa calaña.

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