Nos vendieron el “mejor sola”… y nadie nos avisó del precio

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 ¿Y si la soledad no fuera empoderamiento, sino abandono disfrazado?


Nos repiten que debemos proteger nuestra paz como si fuera un castillo sitiado.


Que somos únicos, especiales, irrepetibles…
Y que, si alguien nos incomoda, fuera.
Que es mejor estar sola que mal acompañada.
Que cortar es sano.
Que alejarse es madurar.


Pero nadie nos avisó de algo importante: la soledad también pasa factura.


Y no hablo de elegir estar sola una tarde para escucharte, respirar o llorar tranquila.
Hablo de no contar con nadie.
De no tener a quién llamar cuando la vida se te cae encima.
De ese silencio que no calma, pesa.


😳¿Cuándo nos enseñaron a huir en lugar de aprender a quedarnos?


Desde hace años —especialmente a la gente joven— se le ha vendido una idea peligrosa:
si algo duele, se elimina.
Si alguien falla, se descarta.
Si una relación no es perfecta, se abandona.


Pero la vida no funciona así.


Las relaciones reales incomodan.
Los amigos de verdad decepcionan a veces.
La familia no siempre es fácil ni bonita ni inspiradora.


Y aun así… es necesaria.


La ciencia lo dice claro.

El Estudio de Harvard sobre el Desarrollo Adulto, uno de los más largos de la historia (más de 80 años), concluye algo tan simple como devastador para esta cultura del “yo primero”:

 

Las buenas relaciones nos hacen más felices y más sanos.
Más que el dinero, más que el éxito, más que la fama.


La soledad crónica, en cambio, se asocia con mayor riesgo de depresión, ansiedad, enfermedades cardiovasculares y una menor esperanza de vida. No es una opinión. Son datos.


😍 La amistad no es presencia constante, es presencia real


Nos han confundido.
No todos los amigos tienen que estar al 100%.
No todos pueden acompañarte en todo.


Pero sí deben estar en algunos momentos.
Y tú también.


Discutir con amigos.
Enfadarse.
Dejar de hablar un tiempo.
Volver.
Recordar.
Reírse de lo que dolió.


Eso también es amor.


💖La familia no siempre es cómoda… pero muchas veces es sostén


Ahora está de moda decir:
“Si tu primo es tóxico, bórralo de tu vida.”
“Si tu familia no suma, aléjate.”


Y yo me pregunto…
¿De verdad estamos preparados para vivir sin red?


La familia —de sangre o elegida— no siempre cae bien.
A veces no la soportas.
A veces te saca de quicio.
A veces piensas que es lo peor del mundo.


Y aun así… está.


No para justificar el maltrato (ahí no, nunca).
Pero sí para aprender a tolerarnos, a convivir con lo distinto, con lo incómodo, con lo humano.


Eso también se aprende.
Y se está perdiendo.


👵Cuanto más mayor me hago, más claro lo veo


No quiero relaciones perfectas.
Quiero vínculos que se queden cuando mi vida es un desastre.
Quiero gente que no huya cuando estoy mal acompañada de mí misma.
Quiero amigos que no siempre entiendan, pero que sostengan.
Quiero una familia —sea como sea— que diga:
“No te soporto… pero aquí estoy.”


Porque la vida no va de estar siempre bien.
Va de no estar sola cuando todo va mal.


Y quizá ha llegado el momento de decirlo alto y claro:
Nos vendieron el “mejor sola”… pero nadie nos contó lo caro que se paga.






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