¡Hola Sukis!
Acompañar a un adolescente no siempre significa intervenir. A veces nuestra tarea como madres consiste precisamente en estar disponibles sin resolverle inmediatamente la vida.
Cuando nuestros hijos son pequeños nos necesitan para casi todo.
Les preparamos la comida, elegimos su ropa, solucionamos problemas, organizamos horarios y acudimos rápidamente cuando algo no va bien.
Después llega la adolescencia y ocurre algo desconcertante: siguen necesitándonos, pero de una manera completamente diferente.
Y adaptarnos no siempre resulta fácil.
Si nuestro hijo llega preocupado porque ha discutido con un amigo, por ejemplo, nuestro primer impulso puede ser hacer preguntas, buscar soluciones o decirle qué debería hacer.
Quizá él solamente necesitaba contarlo.
Antes de solucionar, pregunta
Hay una frase muy sencilla que puede cambiar muchas conversaciones:
«¿Quieres que te ayude o solo necesitas que te escuche?»
Puede parecer una tontería, pero le estamos dando algo importantísimo: la posibilidad de decidir qué necesita de nosotros.
Porque crecer también consiste en aprender a resolver conflictos, equivocarse, tomar decisiones y afrontar pequeñas frustraciones.
Si intervenimos constantemente, aunque lo hagamos con la mejor intención, podemos impedir que practiquen precisamente esas habilidades.
Apartarse no significa desentenderse
Aquí está la parte complicada.
Dar espacio no significa mirar hacia otro lado ante problemas importantes ni permitir cualquier comportamiento.
Seguimos siendo sus padres.
Hay límites, responsabilidades y situaciones en las que tendremos que intervenir.
Pero entre controlarlo todo y desaparecer existe un enorme espacio intermedio: acompañar.
Estar disponibles.
Preguntar sin interrogar.
Escuchar sin convertir cada conversación en una conferencia.
Y respetar que algunas cosas quieran guardárselas.
Prueba esto hoy
La próxima vez que tu adolescente te cuente un problema, intenta no darle inmediatamente una solución.
Escucha. Haz una pregunta. Y espera.
Puede que termine llegando él mismo a una conclusión muy parecida a la que tú ibas a darle.
Entonces descubrirás algo precioso y un poquito incómodo: cada vez te necesita menos para resolver su vida porque está aprendiendo a hacerlo solo.
Y precisamente conseguir eso también forma parte de nuestro trabajo como madres.
El equipo de Sukigonbee ha redactado este artículo y lo ha revisado y mejorado con herramientas de inteligencia artificial.
