¡Hola, Sukis!
Hay un momento que todas conocemos muy bien y que nos aterra...💀
Llevamos varios días cuidándonos, preparando nuestras comidas, bebiendo más agua, diciendo que no a las galletitas de media tarde… y, de pronto, alguien dice la frase mágica:
—¿Comemos fuera?
Y ahí empieza el pequeño drama interior.
Porque una parte de nosotras quiere disfrutar, conversar y olvidarse de todo. Pero la otra ya está imaginando una hamburguesa con patatas, un postre compartido "porque solo es un poquito" y esa sensación de haber tirado por la borda el esfuerzo de toda la semana.
En Sukigonbee pensamos que esto nos pasa a muchísimas mujeres. Así que decidimos preguntar a un nutricionista qué recomienda hacer cuando no podemos controlar el menú. La respuesta nos sorprendió porque no hablaba de prohibiciones, sino de estrategia.
Y, sinceramente, nos gustó mucho más esa idea.
La primera regla: no salgamos de casa con hambre
Nos explicó que uno de los errores más frecuentes es pasar toda la mañana comiendo menos "para compensar" la comida del restaurante.
Parece lógico, pero ocurre justo lo contrario.
Llegamos con un hambre terrible, todo nos parece apetecible y acabamos pidiendo mucho más de lo que realmente necesitábamos.
Lo recomendable es hacer un desayuno y una comida previa completamente normales, con proteínas, fruta o verduras y buena hidratación. Llegar con un hambre moderada hace que decidamos mucho mejor.
Porque cuando el estómago deja de gritar, el cerebro vuelve a participar en la elección.
¿Qué hacemos cuando nos sentamos a la mesa?
Aquí viene el segundo consejo, y probablemente sea el más importante.
No debemos empezar mirando los postres. Parece una broma, pero no lo es.
Lo primero es buscar las opciones con proteína: pollo, pescado, marisco, huevos, carnes magras o legumbres. Después buscamos verduras. Y, por último, decidimos si ese día queremos añadir pan, arroz, patatas o pasta.
Cuando hacemos ese orden, nuestro plato suele equilibrarse casi sin darnos cuenta. No porque estemos haciendo dieta. Sino porque estamos construyendo una comida completa.
Entonces... ¿qué podemos pedir?
Nos dejaron una lista muy sencilla que puede servirnos prácticamente en cualquier restaurante.
Si vamos a un bar o restaurante tradicional
- Ensalada completa con pollo, atún o queso fresco.
- Pescado a la plancha.
- Carne a la brasa.
- Revuelto de verduras.
- Verduras a la plancha.
- Gazpacho o salmorejo (teniendo en cuenta que este último suele llevar más pan).
Si vamos a un italiano
No todo tiene que ser pizza.🍕
Podemos elegir:
- Carpaccio.
- Ensaladas completas.
- Verduras.
- Pasta con verduras y proteína si nos apetece disfrutar de un plato de pasta.
La clave está en no convertir la comida en un concurso de queso.
Si vamos a una hamburguesería
Sí, también podemos.
Una hamburguesa de buena carne con verduras puede formar parte perfectamente de una alimentación saludable. 🍔
Podemos pedir:
- Más ensalada.
- Cambiar las patatas por otra guarnición si existe.
- Comer el pan si realmente nos apetece, sin sentirnos culpables.
Porque una comida no estropea una alimentación.
Lo que la estropea es pensar que, como ya hemos empezado, da igual todo lo demás.
¿Y el postre?
Aquí el nutricionista nos hizo mucha gracia porque respondió: "No preguntéis si podéis. Preguntaos si realmente os apetece." ¡Nos encantó esa diferencia!
Muchas veces pedimos postre simplemente porque todo el mundo lo hace. No porque tengamos hambre. Si de verdad nos hace ilusión probar ese dulce famoso del restaurante, disfrutémoslo despacio.
Si no nos llama especialmente la atención, quizá un café, una infusión o una pieza de fruta sean suficientes.🍮
La decisión deja de ser una obligación para convertirse en una elección. Y eso cambia completamente nuestra relación con la comida.
¿Cómo gestionamos la parte emocional?
Probablemente este sea el consejo más importante de todos:
- No vayamos a comer pensando que estamos haciendo un examen.
- Estamos compartiendo un momento con personas que queremos.
- La comida forma parte del encuentro, pero no es el encuentro.
- Si durante toda la comida solo pensamos en las calorías, apenas disfrutaremos de la conversación.
- Y cuando lleguemos a casa sentiremos que no hemos aprovechado ni una cosa ni la otra.
El nutricionista nos insistió en algo que deberíamos escribir en un papel y pegarlo en la nevera:
Una comida no determina nuestro resultado. Lo que realmente cuenta es cómo comemos la mayor parte del tiempo.
Ese pensamiento elimina mucha presión.
Y cuando desaparece la presión, también desaparecen muchos atracones.
Nuestro pequeño pacto entre Sukis 💗
Así que hoy queremos proponeros algo.
La próxima vez que salgamos a comer fuera no intentemos ser perfectas.
- Intentemos ser conscientes.
- Comamos despacio.
- Pidamos algo que realmente nos guste.
- Escuchemos cuándo estamos saciadas.
- Riámonos mucho.
- Y al día siguiente… volvamos a nuestra rutina sin castigos, sin compensaciones imposibles y sin pensar que hemos fracasado.
- Porque cuidarnos no consiste en dejar de vivir.
Consiste en aprender a disfrutar de la vida sin que cada comida se convierta en un motivo de culpa.
Y quizá ese sea el cambio que realmente consigue mantenerse con el paso de los años. 💚
