¿Por qué Torrente Presidente nos hace reír tanto aunque sea tan exagerada

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Hay películas que sorprenden por su calidad artística y otras que conquistan al público por algo más visceral: la risa. 



La saga Torrente, creada y protagonizada por Santiago Segura, es un ejemplo perfecto. Su estilo exagerado, irreverente y muchas veces políticamente incorrecto ha conseguido llenar cines durante años.


Su última entrega, una de las más comentadas, Torrente, Presidente demuestra que incluso el humor más disparatado puede conectar profundamente con el público.


Pero ¿qué explica este fenómeno desde la psicología?




El poder psicológico de la vergüenza ajena

Uno de los motores del humor de Torrente es la vergüenza ajena, esa sensación incómoda que sentimos cuando vemos a alguien comportarse de forma ridícula, grosera o socialmente inapropiada.


Curiosamente, nuestro cerebro procesa esa incomodidad mezclándola con alivio. En psicología del humor esto se llama teoría de la superioridad: reímos porque observamos los errores o torpezas de otros desde una posición segura.


El personaje de Torrente representa precisamente eso:

  • Es exagerado
  • Es políticamente incorrecto
  • Es torpe y ridículo


Pero al mismo tiempo sabemos que es ficción, lo que nos permite reír sin consecuencias reales.




Reírnos de lo absurdo también es saludable

Otro factor importante es el humor absurdo. Las situaciones imposibles, los diálogos exagerados y los personajes caricaturescos activan nuestra sorpresa mental. Cuando el cerebro detecta algo inesperado, muchas veces reacciona con risa.


Además, películas como Torrente cumplen una función social interesante: permiten liberar tensiones. En un mundo lleno de normas, responsabilidades y corrección política, ver a un personaje que rompe todas las reglas provoca una sensación de desahogo.


Tal vez por eso, entre carcajadas y algo de vergüenza ajena, el público sigue disfrutando de este tipo de comedia. Porque, en el fondo, el humor también es una forma muy humana de mirar nuestras propias contradicciones… y reírnos un poco de ellas.

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