¡Hola Sukisss!
Ser padres tiene algo muy instintivo: queremos proteger a nuestros hijos de todo.
¿Os pasa también? Si sufren, sufrimos. Si lloran, queremos arreglarlo. Si algo les duele, buscamos la manera de que desaparezca.
Es normal. Es amor.
Pero a veces, sin querer, ese amor nos hace cometer un error muy común: querer evitarles cualquier frustración.
Y la realidad es que la vida no funciona así. ¿Y tú lo sabes?
Si nuestros hijos no aprenden a manejar la frustración durante la adolescencia, cuando sean adultos pueden desmoronarse ante cualquier dificultad.
¡Suki de mi alma!, la vida —nos guste o no— está llena de desafíos.
La vida no siempre es como queremos
Todos hemos pasado por momentos difíciles. Y nuestros hijos también los vivirán. Si no los están viviendo ya.
Habrá desengaños amorosos.
Habrá amistades que se rompan.
Habrá metas que no conseguirán a la primera.
Habrá trabajos que cueste encontrar… y aún más conservar.
No siempre podrán hacer lo que quieren.
Tendrán que renunciar a cosas que les gustan para mejorar su vida. Tendrán que esforzarse para cuidar su salud, para construir una familia, para mantener una relación estable o para sacar adelante un proyecto.
Y eso no es una tragedia. ¡Cariño! Eso es la vida real.
El peligro de educar sin frustración
Cuando nuestros adolescentes crecen pensando que todo debería salir como ellos desean, se crea una expectativa irreal del mundo.
Si siempre evitamos que experimente límites o consecuencias, puede crecer creyendo que:
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el mundo tiene y debe adaptarse a él
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todo debería ser fácil
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el sufrimiento es intolerable
-
cualquier dificultad es una injusticia
Pero cuando llegue la primera gran decepción —y llegará, te lo digo yo— no tendrá herramientas para sostenerla.
La frustración no es algo que debamos eliminar de la educación. Es algo que debemos enseñar a gestionar.
Porque aprender a frustrarse también es aprender a vivir.
El carácter no se forma en la comodidad
Hay una verdad que a veces olvidamos: el carácter no nace de la comodidad.
Se forma cuando aprendemos a resistir.
Cuando algo no sale bien y volvemos a intentarlo.
Cuando alguien nos decepciona y seguimos adelante.
Cuando tenemos que esforzarnos más de lo que pensábamos.
Nuestros "niños grandes" no necesitan una vida sin problemas. Necesitan aprender que pueden enfrentarlos.
Porque un joven que nunca ha tenido que soportar frustración puede parecer feliz, pero muchas veces es frágil.
En cambio, un joven que ha aprendido a atravesar dificultades desarrolla algo mucho más valioso: fortaleza interior.
Decir la verdad también es educar
Es importante que animemos a nuestros hijos, apoyarlos y hacerles sentir valiosos.
Pero también debemos ser honestos con ellos.
Necesitan y deben saber que:
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no siempre serán correspondidos en el amor
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el matrimonio no es fácil
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tener hijos implica sacrificios
-
habrá momentos en los que tendrán que renunciar a lo que desean
-
el trabajo exige esfuerzo y responsabilidad
-
cuidar la salud requiere disciplina
No se trata de ser pesimistas. Se trata de prepararles para la vida real.
Incluso la fe habla de esfuerzo y perseverancia
Si miramos la tradición cristiana, veremos que la vida tampoco se presenta como un camino libre de dificultades.
La Biblia está llena de historias de personas que pasan por pruebas, esperan, sufren, dudan y aun así continúan adelante.
En Santiago 1:3 se dice algo muy interesante: "La prueba produce perseverancia."
Es decir, las dificultades también pueden fortalecer el carácter.
No porque el sufrimiento sea bueno en sí mismo, sino porque nos enseña a resistir y crecer.
El verdadero regalo que podemos darles
Quizá uno de los mayores regalos que podemos darles a nuestros hijos no es evitarles todo dolor, sino enseñarles a atravesarlo sin romperse.
Acompañarlos cuando fracasan.
Escuchar cuando están tristes.
Animarlos cuando dudan.
Pero también permitir que aprendan que la vida requiere esfuerzo, paciencia y responsabilidad.
Porque nuestros adolescentes no necesitan un mundo sin problemas.
Necesitan una personalidad lo suficientemente fuerte para enfrentarlos.
Y eso, Sukisss, también es amar.
