¿Cómo puede un padre permitir que ejecuten a su hijo por pensar diferente?

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Hola Sukis!!!!

Leo un titular que me deja helada:

“El campeón de lucha libre Saleh Mohammadi es uno de los tres ejecutados en Irán por participar en las protestas de enero”.




¡Amigas! Hay noticias que se leen y se olvidan. Punto. Y hay otras que, cuando eres madre, simplemente no te permiten seguir adelante como si nada.


Porque cuando eres madre, inevitablemente piensas en tu hijo.


Piensas en ese momento terrible en el que alguien llama a tu puerta para decirte que tu hijo ha sido acusado de algo que no ha hecho.


Piensas en la angustia de saber que hay pruebas de que ni siquiera estaba en el lugar del que lo acusan.


Piensa en la impotencia de ver cómo la justicia se convierte en un espectáculo.


Y entonces ocurre lo impensable: no solo lo condenan, lo ejecutan públicamente.

¡Y ojo! No como justicia. Sino como advertencia.


Cuando el poder teme a sus propios ciudadanos...

Si a poco que investigas un poco sobre lo que ocurre en Irán, encuentras una realidad difícil de comprender desde fuera. Sobre todo desde países de cultura occidental.

Un país en el que disentir puede convertirse en un delito.
Un país donde las protestas se pagan con cárcel… o algo peor.
Un país donde la política y la religión se mezclan hasta convertirse en una herramienta de control.


Y lo más doloroso es pensar en las familias. En esos padres.


Porque en un sistema donde el poder político y religioso decide sobre la vida de las personas, muchas veces las familias quedan atrapadas entre el miedo, el silencio y la impotencia.


La gloria que no protege

Este joven no era un desconocido. Era un deportista que había llevado el nombre de su país a lo más alto gracias a la lucha libre. Había representado a su nación con orgullo.


Y aun así, nada de eso lo protegió.


Ni su talento. Ni sus éxitos. Ni el honor que había dado a su país.


En un instante pasó de ser un símbolo deportivo a convertirse en un ejemplo de castigo.


Lo que más duele como madre

Lo que más me duele no es solo la ejecución. Que también...

Es pensar en el sufrimiento de una madre que sabe que su hijo es inocente. Que sabe que hay pruebas que lo librarían de esa pesadilla. Y que sabe que nadie la está escuchando.


Es un dolor que ninguna ideología puede justificar. Porque cuando hablamos de hijos, hablamos de lo más sagrado que tenemos.


Los hijos no pueden ser en ningún caso instrumentos políticos. No pueden ser mensajes para intimidar a una población.


Nuestros niños, inocentes aún. Son personas.


El silencio que también preocupa

Pero hay algo que también me inquieta profundamente. Y no quiero ser mal pensada. El silencio. Ese silencio profundo que hay con Irán y esa defensa aferrima que te hace contener la respiración y preguntarte ¿Qué pasa?


Vivimos en países occidentales donde somos capaces de cancelar a una persona por una opinión en redes sociales. Y hundirle la vida si hace falta por falta de moralidad. Donde se organizan campañas masivas por causas que duran apenas unos días.


Y sin embargo, ante situaciones como estas, me quedo perpleja, muchas más veces de las que quisiera, pues la reacción es mínima.


Quizá porque es incómodo. Quizá porque es complejo. Quizá porque señalar ciertas injusticias parece depender demasiado del color político de quien las comete.


Pero el sufrimiento humano no debería tener ideología.



Cuando la religión se convierte en miedo

También es tristemente doloroso ver cómo, en algunos lugares, la religión se usa como herramienta de control y poder.


La fe, en esencia, debería ser algo que eleve al ser humano. Que inspire amor, compasión y justicia.


Pero cuando se convierte en imposición, en castigo o en terror, deja de ser espiritualidad para convertirse en control.


Y las primeras víctimas suelen ser siempre las mismas:

Los jóvenes.
Las mujeres.
Los que se atreven a pensar distinto.


La pregunta que no deja de rondarme

Desde mi punto de vista como madre hay algo que no logro comprender.


¿Cómo puede un sistema permitir que se destruya la vida de un hijo de esta forma?


¿Cómo puede un padre aceptar que la política, el miedo o el fanatismo pesen más que la vida de su propio hijo?


Tal vez nunca tenga la respuesta. Pero sé que mientras existan historias así, no deberíamos acostumbrarnos a ellas.


Porque lo verdaderamente peligroso no es solo la injusticia. Es cuando el mundo empieza a verla como algo normal.




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