¡Hola, Sukis! 💗
Bienvenida si eres nueva por aquí. Y, si ya llevas un tiempo formando parte de esta familia, me encantará leerte en los comentarios de cualquier artículo… incluido este.
Agosto ha empezado fuerte.
No sé si os pasa lo mismo, pero tengo la sensación de que llevamos semanas sin poder desconectar del todo. Pones las noticias y aparecen imágenes de la presión migratoria en Ceuta. Abres las redes sociales y todo el mundo opina. Escuchas una conversación en la playa y vuelves a oír las mismas preguntas.
¿Estamos haciendo lo correcto?
Como madre de un hijo adolescente, reconozco que hay cosas que me preocupan.
No porque tenga miedo de quien es diferente. Ni porque crea que toda persona que llega a nuestro país venga con malas intenciones. Sería profundamente injusto pensar eso.
Pero tampoco creo que cerrar los ojos ante los problemas sea una forma de solidaridad.
Creo que un país tiene derecho a proteger sus fronteras igual que una familia protege la puerta de su casa.
Y también creo que quien viene dispuesto a trabajar, respetar nuestras leyes y convivir merece ser tratado con dignidad.
Las dos cosas pueden ser compatibles.
Lo que me inquieta es la sensación de que, si haces determinadas preguntas, enseguida alguien intenta colocarte una etiqueta.
Que si eres buena persona... Que si eres mala... Que si eres de un lado.... Que si eres del otro. En fin...
Y yo me niego.
Me niego a pensar que preocuparse por la seguridad de nuestros hijos sea incompatible con respetar la dignidad de cualquier ser humano.
Me niego a creer que proteger lo que hemos construido durante generaciones sea un acto de odio.
Y también me niego a aceptar que el debate público solo pueda hacerse desde los extremos.
He visto a muchos ceutíes expresar que se sienten abandonados y pedir más apoyo y más presencia del Estado. Sean cuales sean las soluciones, creo que escuchar a quienes viven esa realidad cada día debería formar parte de cualquier conversación seria.
Quizá el problema no sea ser buenos.
Quizá el problema sea confundir la bondad con la ausencia de límites.
Porque una madre quiere a sus hijos con toda el alma... pero también les pone normas.
Y nadie diría que eso la convierte en una mala madre.
Tal vez los países necesiten algo parecido.
La pregunta que quiero dejarte esta semana es esta:
¿Crees que somos buenos para el futuro de nuestros hijos o simplemente otros países nos toman el pelo?
Os leo.
Hasta la semana que viene.
Un beso a la vida.
Miki Díaz 💗
Este contenido ha sido redactado por personas y optimizado con herramientas de inteligencia artificial antes de su publicación.

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